Fortalecer raíces, reconstruir vidas: la recuperación temprana en comunidad 

Las mujeres de una comunidad indígena Wounaan en el occidente de Colombia, suelen lavar la ropa y bañarse en las aguas del río. . Foto: Mariano Vimos / Aica Colectivo / NRC 

El territorio que durante generaciones ha sido fuente de alimento, encuentro y vida para una comunidad indígena al occidente de Colombia, también se ha convertido en un lugar de restricciones y encierro. Salir a pescar, caminar hacia los cultivos o permitir que las niñas y los niños jueguen fuera de casa no es una decisión cotidiana: es un riesgo.  

Durante años, esta comunidad ha tenido que sufrir las consecuencias del conflicto. Grupos armados no estatales han impuesto restricciones que han limitado la movilidad de las familias y han afectado su acceso a alimentos, servicios de salud y medios de vida. Sumado a esto, cuando llegan las lluvias y el territorio se inunda, los cultivos se pierden y aumentan las enfermedades, lo que hace aún más difíciles las condiciones para las familias. 

Frente a esta realidad, la comunidad se ha organizado para seguir adelante y buscar soluciones que les permitan fortalecerse. Las familias, junto con sus líderes y autoridades tradicionales, han impulsado acciones para cuidar el territorio, mejorar el acceso al agua, fortalecer la atención en salud y recuperar sus cultivos. Para ello, han conformado grupos de personas que impulsan iniciativas en distintas áreas como autoprotección, salud, multiplicadores del agua, artesanas, huertas y cabildo.  

 Este camino de reconstrucción y fortalecimiento ha contado con el acompañamiento del Consorcio MIRE+ durante los últimos dos años, brindando asistencia humanitaria y fortaleciendo capacidades locales. 

Nuestra comunidad estaba un poco en silencio porque sucedían muchas cosas y no sabíamos cómo enfrentar las dificultades. Hoy, gracias a estos procesos, las familias al menos entendemos mejor los problemas que tenemos, cuenta José, habitante de la comunidad. 

Fortaleciendo la organización comunitaria

Foto: Mariano Vimos / Aica Colectivo / NRC. 

Hoy, incluso en medio de las emergencias y frente a los riesgos constantes, la comunidad ha fortalecido su organización. La guardia indígena cuenta con herramientas que facilitan su comunicación y organización. 

 Lo que hicimos con estas herramientas fue colocar las banderas blancas con el fin de demostrar que esto es una población civil de paz. Luego se trabajó con la comunidad compartiendo las herramientas de las capacitaciones, como autoridades recibimos los chalecos para identificarnos en los territorios, recibimos las banderas de la comunidad y los implementos de autoprotección: botas, pitos, capas y gorras y megáfonos, afirma José 

 Además, han desarrollado planes claros para saber cómo actuar ante cualquier situación de emergencia. Trabajamos como comunidad, como población civil, como entes territoriales y como comunidad de paz, dice José, mientras explica que ahora saben presentar solicitudes ante las autoridades, expresar sus necesidades y tomar decisiones colectivas para enfrentar situaciones difíciles. 

Otro de los beneficios de estos procesos es que las capacidades comunicativas de toda la comunidad se han fortalecido. Este es el caso de Lucha, quien fortaleció su rol en el territorio, con las capacitaciones nos fortalecimos como lideresas, hoy en día hemos mermado la timidez, asegura.   

Adicionalmente, también se han fortalecido espacios protectores de encuentro para la comunidad. En el colegio se realizaron murales integrativos, se embelleció la biblioteca y se entregaron elementos deportivos y culturales. Estos lugares se han convertido en espacios donde niñas, niños y jóvenes pueden reunirse, compartir y participar en actividades que fortalecen la vida comunitaria.  

Nuestro objetivo era que los jóvenes aprendieran en ese espacio cómo nos reconocemos como indígenas, nuestra cultura, también que otras comunidades vean que nos estamos organizando de manera tradicional, como una comunidad de paz, recalca José. 

Fortaleciendo la organización comunitaria

Fachada del sistema de recolección y suministro de agua segura entregado por el Consorcio MIRE+  Foto: Mariano Vimos / Aica Colectivo / NRC 

El acceso al agua segura también había sido uno de los retos para las familias de esta comunidad. Durante mucho tiempo algunas personas debían salir del territorio para buscar agua en otros lugares, lo que implicaba riesgos. 

 Pero esto cambió gracias al trabajo conjunto de la comunidad y la asistencia humanitaria. Hoy José camina por medio de las casas hacia el sistema de Aguateras, un espacio que tiene adentro varios tanques de agua almacenada de la lluvia. Este sistema filtra el agua y elimina parásitos e infecciones que suelen aquejar a los  habitantes de la comunidad, quienes, debido al agua no segura para el consumo humano, viven con enfermedades estomacales y respiratorias.  

Ahora con esta casa aguatera que han instalado en nuestra comunidad tenemos abastecimiento de agua, las familias ya no van a otro lado, ahora estamos usando este servicio, dice José. 

La construcción de este espacio no fue solo infraestructura: también se realizaron talleres y capacitaciones con las familias sobre cuidado del agua, higiene y manejo de residuos. Además de fortalecer a un grupo de personas y entregarles insumos para que sean las encargadas de promover el cuidado y mantener en funcionamiento el sistema de agua donde se abastecen más de 750 personas. 

La salud, un asunto comunitario

Fortalecer raíces, reconstruir vidas: la recuperación temprana en comunidad

Enfermero auxiliar del resguardo quien ha acompañado los procesos de fortalecimiento del puesto de salud y trabaja de manera articulada entre la medicina tradicional indígena y la medicina occidentalFoto: Mariano Vimos / Aica Colectivo/ NRC 

En la comunidad la salud es un esfuerzo colectivo que combina conocimientos ancestrales y medicina occidental. Higinio, el enfermero del puesto de salud, recorre los estantes del lugar que ahora cuenta con  diferentes medicamentos e insumos para atender emergencias.  

Gracias a la ayuda humanitaria el puesto ha sido dotado con paneles solares e internet, lo que les permite avisar con antelación a centros de salud cercanos a su comunidad para remitir pacientes de mayor gravedad. El puesto de salud no tenía nada, ahorita ya hay elementos necesarios para que pueda trabajar el médico, menciona Higinio. 

Aparte de esto, la comunidad estableció rutas de evacuación y protocolos de atención en salud mental, garantizando que nadie quede desatendido en situaciones de emergencia. Las familias participaron en talleres sobre salud física, sexual y reproductiva, primeros auxilios, gestión de emociones y estrategias de resiliencia, conformando una red de Primeras Respondedoras Psicosociales. Estos espacios fortalecen la capacidad de la comunidad para cuidarse entre sí y responder colectivamente ante los desafíos territoriales. 

Para Denise, habitante de la comunidad, la salud atraviesa otros campos como el cuidado propio, la salud mental y la protección contra violencias basadas en género. Aprendimos dinámicas para cuidar nuestras emociones y la de nuestros hijos, menciona.  

Cosechar vida, tejer comunidad 

 Artesana tejedora indígena. Foto: Mariano Vimos / Aica Colectivo / NRC

La seguridad alimentaria ha sido un pilar para que la comunidad fortalezca su bienestar. Así que las familias siguen trabajando para desarrollar la producción de alimentos como el de banano, yuca, papa china, ñame o piña. 

Las familias han participado en procesos de formación y prácticas agrícolas donde han aprendido a sembrar, cuidar la tierra, controlar plagas y conservar semillas adaptadas al territorio. También han recibido herramientas e insumos que facilitan la producción de alimentos y fomentan el intercambio de saberes tradicionales, fortaleciendo la capacidad de la comunidad para mejorar su seguridad alimentaria. 

Además de los alimentos, las artesanías son una de las principales formas de sustento de la comunidad. Más de 120 personas elaboran jarrones y cestos tradicionales en werregue, chocolatillo y chaquira. Estas piezas se venden o se intercambian con otras comunidades, generando ingresos o facilitando el acceso a alimentos.  

Para las artesanías nos dejaron vitrinas y los kits que tienen todo para poder capacitar a las compañeras en las artesanías, tenemos lana, balones, papel silueta, marcadores, colores, muchas cosas, menciona Lucha.  

Este trabajo no solo ayuda a mantener los medios de vida de las familias, sino que también preserva la cultura y sus tradiciones. Con la asistencia humanitaria la comunidad ha recibido herramientas, materiales e insumos para fortalecer la producción y ha desarrollado estrategias para comercializar sus artesanías, lo que les ayuda a sostener su economía y mantener viva su identidad cultural. 

El cambio con este apoyo fue evidente para doña Lucha, anteriormente la asociación no tenía fondos para ir a vender los jarrones, en este año mejoramos porque el Consorcio MIRE+ nos dio a conocer nuestros derechos para promover nuestras artesanías tradicionales de manera gratuita. También, recalca que han empezado a vender sus artesanías por redes sociales.

Cosechar vida, tejer comunidad 

Gerard camina entre las casas con un semblante tranquilo que transmite confianza. Él lidera la comunidad y aunque reconoce algunos avances significativos, aún sabe que falta mucho camino por recorrer. “Este es nuestro territorio, nuestra madre tierra”, menciona.

Un habitante de la comunidad. Foto: Mariano Vimos / Aica Colectivo / NRC

En estos dos años de acompañamiento del Consorcio MIRE+ la comunidad ha logrado avances significativos: ha fortalecido sus capacidades organizativas; mejorado el acceso al agua y a la salud; recuperado parte de sus medios de vida; y reforzado la seguridad alimentaria.

Estos logros han generado confianza entre jóvenes y adultos, quienes ahora observan la llegada del consorcio como un apoyo clave.

“La comunidad estaba en silencio y no sabíamos cómo enfrentar las dificultades que teníamos, y hoy gracias al esfuerzo del Consorcio MIRE+ las familias entendemos los problemas que tenemos y los pasos a seguir, también nos han dejado equipos organizados”, menciona José. Para él este lazo es crucial, pero al mismo tiempo sabe que su comunidad tiene que salir adelante mediante sus propios medios y eso sólo se construye en comunidad.

Hoy en día siguen avanzando en su recuperación. La comunidad fortalece su organización, enfrenta los desafíos con sus propios medios y mantiene viva su cultura. Cada acción, cada esfuerzo colectivo, es un paso hacia un mañana en paz. Ellos saben que transformar su territorio no es tarea de unos pocos, sino un trabajo colectivo.

La labor de la población y el apoyo del Consorcio MIRE+ permiten seguir contribuyendo con la transformación que las mismas comunidades desean para sus territorios. La persistencia de las desigualdades estructurales, el acceso limitado a derechos básicos y las múltiples formas de violencia que afectan la vida cotidiana de personas en estos territorios debe cambiar. El camino hacia una paz plena y justa continúa siendo un desafío que requiere atención y compromiso sostenido. 

El acompañamiento del consorcio MIRE+ fue posible gracias a la financiación de la Unión Europea, el Departamento de Estado de los Estados Unidos, la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) y la Agencia Suiza para el Desarrollo y la Cooperación (COSUDE).

El consorcio MIRE+ es un mecanismo de respuesta de emergencia conformada desde el año 2020, liderado por el Consejo Noruego para Refugiados en asociación con Acción Contra el Hambre y Médicos del Mundo quienes brindan ayuda humanitaria y contribuyen a la recuperación temprana de comunidades recientemente desplazadas, confinadas o en situaciones humanitarias complejas como consecuencia del conflicto armado y los desastres en Colombia.

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