Celina es madre soltera de tres hijos. En su casa de dos plantas, hecha con tablones de madera, se respira un ambiente familiar y afectuoso. Esto se refleja en el amor que siente por sus hijos y en el orgullo que siente por su cultura a través de los alimentos que cultivan y comen.
Celina siembra cultivos de plátano, yuca y ñame. Su día comienza temprano:
“Cuando uno trabaja en el campo lleva la comida hecha. Hace el desayuno y el almuerzo. La tierra se ara manualmente y se pesca para comer”, ella explica.
Celina cultiva para alimentar a su familia. Le gusta cultivar su comida y la de su familia porque es más saludable y ahorra dinero. Vende una parte de los productos y con el dinero que gana ayuda a otras personas de su pueblo. En medio de la escasez material, la generosidad de la comunidad es abundante.
La vida en la comunidad es tranquila. Los niños y las niñas corren y juegan animadamente. Tiran piedras que rozan el agua del río mientras se ríen a carcajadas.
“Allí se prepara arroz de maíz, carimañolas [frito típico], sancocho [sopa] de pollo, pescado y tapado [sopa de mariscos], esa es nuestra cultura alimentaria”, señala Celina mientras sonríe.
A pesar de las dificultades, Celina añora un porvenir próspero para su pueblo, lleno de profesionales en distintas áreas del conocimiento que, después de culminar sus estudios, regresen a ejercer en casa. Sueña con cuidar la naturaleza, evitar la tala de árboles y enseñarle a la comunidad a no tirar la basura al río.
También anhela vivir en paz: “Es un derecho que deberíamos establecer, vivir en paz, porque estamos metidos en un conflicto que nada que ver”.
La nueva casa está cerca de un pequeño lago con peces, donde Anderson y Kaiser disfrutan jugando. “Me gusta del campo que uno vive relajado”, Anderson enfatiza. “Me gustaría quedarme aquí, es grande y bonito. Me gusta estar en el parque y puedo andar con mi sobrina en la moto. Por donde estábamos antes no quiero volver”.
Para la población campesina, el reclutamiento forzado por los grupos armados siempre está acechando a los más jóvenes. Algunos son reclutados a la fuerza. Anderson tiene claro que no le gusta la violencia y prefiere la vida campesina: “uno trabaja normal, con ganado, lo que tenga el campo”, dice Anderson.
Le gusta cuidar el ganado y ordeñar las vacas pues fue lo que aprendió de sus padres y de la vida en el campo.
Gracias a la generosidad de la Unión Europea, Anderson y su familia recibieron comida, colchonetas, elementos para mejorar su estadía en el albergue y elementos para la higiene personal. También han participado en actividades educativas y psicoemocionales que les facilita volver a comenzar.
Usted puede seguir ayudando a niños y niñas afectados por el conflicto armado en Colombia: comparta y haga visible esta historia.
Gracias a la generosidad de la Unión Europea, Celina y su pueblo recibieron alimentos y jornadas de salud. También participaron en actividades para conocer sus derechos, fortalecer su comunidad, prevenir accidentes con minas antipersonal y promover hábitos de higiene.
Usted puede seguir ayudando a personas como Celina y su pueblo, afectadas por el conflicto armado en Colombia: comparta y haga visible esta historia.