El miedo en situaciones de conflicto armado se calcula en decisiones pequeñas: no salir al cultivo, no dejar solos a menores de edad, caminar solamente cuando hay compañía. En una comunidad indígena en el nororiente de Colombia esas decisiones forman parte de la vida cotidiana.
La presencia y el temor a los actores armados organizados y el impacto de la violencia en las comunidades cercanas han generado que estas comunidades se confinen para protegerse. La incertidumbre atraviesa la rutina, transforma los recorridos y refuerza el cuidado hacia las niñas, niños y familiares.
Estas son las voces de una comunidad que ha adoptado medidas para protegerse y alejarse del conflicto, mientras aprenden a convivir con la incertidumbre de una violencia que esperan que no retorne a su territorio.
No obstante, el confinamiento como consecuencia de la presencia de esos actores armados, tiene consecuencias. Las limitaciones en su movilidad reducen el acceso a alimentos, a cultivos, a agua potable o incluso tienen un impacto en el acceso a las escuelas que se encuentran por fuera de su territorio. Su bienestar emocional también está en riesgo.
Nosotros somos una comunidad resistente que, a pesar de todo, nos hemos mantenido aquí. Pero siempre está el miedo, porque en otras comunidades han pasado muchas cosas. Uno piensa que en cualquier momento pueden llegar y que nos toque irnos o cambiar nuestra forma de vivir.
Habitante de la comunidad.
A uno lo que más le da miedo es por los hijos, porque están pequeñitos y no saben. Uno ve en otras comunidades cómo las familias se dañan o cómo los niños quedan sin papás. Entonces uno vive con ese temor.
Padre de familia.
A veces uno tiene miedo de salir a caminar. Para ir al cultivo o a buscar comida, toca pasar por ciertos caminos y uno no sabe qué le puede pasar. Entonces hay días en que uno prefiere no salir, se queda quieto, porque tiene miedo.
Habitante de la comunidad.
Para ir a bañarnos, a lavar ropa o a buscar comida, a veces uno no se siente tranquilo. Me da miedo dejar solas a mis niñas. Por eso muchas veces prefiero no salir a buscar comida y quedarme con ellas, así haya menos que comer.
Madre de familia.
Ahorita estamos en medio de todo eso y nos da miedo salir a buscar comida. Nosotros nos cuidamos con la naturaleza. Pero uno no sabe qué puede pasar. Por eso a veces no podemos ir a cosechar [cultivar] y si vamos, vamos varios juntos, porque solos da miedo.
Joven de la comunidad.
A uno le preocupa que los niños estén bien y seguros. Uno quiere que puedan venir tranquilos a la escuela, aprender sin miedo y dar las clases sin temor.
Docente.
Ante el confinamiento y las afectaciones a la vida de la comunidad, el consorcio MIRE+ brindó una respuesta humanitaria orientada a proteger la vida y la dignidad. Durante la emergencia, el consorcio entregó paquetes de alimentos, mejoró el trapiche y construyó una escuela equipada para que niñas y niños pudieran continuar su educación sin desplazarse por fuera de su territorio. Este espacio también funciona como un lugar de encuentro seguro para la comunidad.
También se realizaron mejoras en el acueducto comunitario mediante la instalación de filtros de agua, para que la población no se movilice a lugares inseguros. Se desarrollaron talleres de nutrición y educación, contribuyendo a reducir los riesgos asociados al confinamiento y a fortalecer las capacidades comunitarias en un contexto de incertidumbre y miedo.
Porque cuando el territorio se ve obligado a confinarse, la ayuda humanitaria abre caminos para permanecer con dignidad y salvar vidas.
El consorcio MIRE+ es un mecanismo de respuesta de emergencia conformado desde el año 2020, liderado en la actualidad por el Consejo Noruego para Refugiados en asociación con Acción contra el Hambre y Médicos del Mundo que brindan ayuda humanitaria y recuperación temprana (MIRE+) a comunidades recientemente desplazadas, confinadas o afectadas por los desastres en Colombia.
Este consorcio está financiado por la Unión Europea (ECHO), el Departamento de Estado de los Estados Unidos, la Embajada de Suiza en Colombia – Ayuda Humanitaria y Desarrollo (COSUDE) y la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID).